Sentada junto al ventanal, mirando a la nada... el inmenso océano se alzaba ante mi. Hacía tiempo que no podía mantener los pies en la Tierra mucho tiempo... miles de recuerdos y pensamientos me acompañaban a todos lados. Una taza de café se enfriaba entre mis manos, sin apenas darle un sorbo. A pesar del pequeño bullicio que se había formado, yo seguía ensimismada, en mis mundos.
" - ¡Mira Luci!- La niña de la melena rubia me acercaba a la cara un horrible cangrejo... aquellos bichos que te amenazaban con pinzas pensando que eran superiores por tenerlas, y en cambio más de la mitad acababan en el plato.... umm cangrejo se me ha levantando el hambre....
-Aleja eso de mi...- la niña reía, y salió corriendo por la playa, y yo tras ella...."
-¡Andrés, ponme lo de siempre!- Un hombre mayor entró por la puerta, en los dos días que llevaba allí nunca lo había visto, y eso que practica mente ya conocía, al menos de vista, a todos los vecinos.
-¡Ya va!- Andrés desapareció en la cocina y minutos mas tarde Miguel, su antipático hijo, que llevaba días ignorandola, tan solo dirigiéndole la palabra para preguntarme que deseaba.
El hombre se sentó en una pequeña mesa frente a la ventana, justo al lado de la mía, y allí esperó a que le sirviesen. Por ese tiempo abandoné mis mundos y me centre en el sujeto, había llamado mi atención. Pocas veces te puedes encontrar aun hombre con aquel plante, a pesar de no ser precisamente joven, mostraba un espíritu jovial. Sostenía entre sus manos un grueso libro, a aquella distancia no era capaz de distinguir el nombre del autor, pero se notaba cuan interesante era, ya que no apartaba la vista de él. Tan solo levantó un segundo la mirada, y fue en el mismo instante en que se percató de que no le quitaba los ojos de encima... avergonzada disimulé mirando para otra parte pero... a pesar de mis esfuerzos aquello desembocó en una conversación.
-Bonito día ¿verdad?- yo asentí mirando otra vez por el amplio ventanal.- Tu debes de ser la famosa joven que llegó hace unos días... ultima mente eres famosa en el pueblo, encantado soy Julián.- dijo a la vez que se levantaba y se sentaba en frente mía.
-Sí, soy yo... encantada yo también, soy Lucía.- Estaba vergonzosa, no sabía de que hablarle, pero a la vez no quería quedar de mal educada. Pero el hombre me facilitó la cosa.
-¿Y que te trae por estas tierras?- Por mi mente cruzaron varias respuestas... huir de mi vida real... tener un poco de aventuras.... pero elegí la respuesta más rápida y sencilla, con la que tendría que dar menos explicaciones.
-Soy escritora, buscaba un lugar en el que inspirarme.- Mi oidor me miró, no dijo una sola palabra pero su mirada reflejo un pequeño chispazo e interés fortuito, pero no dijo nada, tan solo miró por la ventana y guardó silencio. Yo hice lo mismo, no sabía de que hablar, y, siguiendo consejos que me habían dado antes, decidí que, si no sabes que decir, mejor calla.
Los minutos pasaron, ya era tarde, la noche entró y la gente empezaba a retirarse, miré mi reloj, las once y media... no sabía a que hora cerraban la taberna pero decidí que era buena idea ir retirándome, no quería dar mas trabajos a mis anfitriones. Me levanté y me despedí de Julián que no había vuelto a ocupar su mesa, a pesar de no darnos conversación la compañía siempre era agradable. Pagué mi cuenta y me retiré dando antes las buenas noches a Andrés que me contestó amablemente como de costumbre, mientras que su hijo desde la parte trasera de la cocina ni se dignó a despedirse. Seguía reuniéndosela guardada y sabía que un día de estos se la devolvería.
Otro día más en aquel pequeño pueblo, y cada vez me daba más cuenta de que irme de aquel lugar iba a ser difícil. Estaba teniendo un tiempo para poder pensar, olvidar, repasar mis errores... todo aquello que había pasado...
Subí a mi cuarto, que a lo largo de aquellos días me había acogido agradablemente, como mi propio hogar que ahora era. Un día de estos comenzaría mi trabajo. Las sabanas me acogieron, y tras visualizar mis últimos pensamientos, caí rendida en las manos de Morfeo.
"-¡Corre Luci, corre!.... seguía viendo aquella melena rubia agitandose en el aire... corriendo a lo largo de la playa.... pero todo tornó en oscuridad, sombras y de fondo se oían unos llantos desesperados...los mios"

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