viernes, 18 de febrero de 2011

Capítulo 3

Las mañanas se alzaban grandiosas con los rayos del alba. Como a diario me preparaba para dar vueltas por la zona y bajé a desayunar.

Al rato de salir a dar una vuelta tomé una decisión, a pesar de querer estar sola no podía seguir alargando aquellas circunstancias, era momento de hacer conocer mi paradero. Me preguntaba si se habían preocupado algo por mi, esa duda me acompañaba. Sería agradable que lo hiciesen, pero... teniendo en cuenta las circunstancias de como me fui, lo mas probable era que no.

Subí por una de las callejuelas del pueblo, aquellas que tan bien me había llegado a conocer en tan solo cinco días que llevaba en la zona. Recordaba haber visto un Correos, sería bueno mandarles una carta o bien, en su defecto, un telegrama. Me seguía pareciendo extraño usar aquellos medios de comunicación, en pleno siglo veintiuno y ni siquiera el Internet había llegado. Podía llamar, era bien consciente pero... prefería aquellos medios, no deseaba irme de allí, y, era posible que tras conocer mi paradero me lo exigiesen, sobre todo mis editores, que prácticamente controlaban más mi vida que yo misma, ese pensamiento estuvo a punto de re traerme, pero no, dejé mis temores atrás, ya no era una niña pequeña, era el momento de encararme, y ya no me quedaba otra opción, ya estaba dentro del establecimiento.

-Buenos días.- me saludó un amable joven con una amplia sonrisa. Debía de ser poco mayor que yo, alto, rubio, con los ojos castaños y de piel morena. Cualquier chica se quedaría tonta mirándolo.
-Buenos días, venía a mandar un telegrama.- No hizo falta decir nada más, me tendió una hoja y un bolígrafo.
-Por favor escribe aquí lo que quieras que ponga, y recuerda que tiene que ser corto.


Precisamente corto no era todo lo que podía contar, pero pensé que era mejor resumir a fin de cuentas, lo que precisamente quería era alejarme.

Estoy bien, no os preocupéis, estoy alojada en el hostal de la Marineda. Proyecto en marcha. Sabréis más de mi, os mantendré informados.”

El chico tecleó en el aparato lo que había redactado. Tras presentase charlo un poco conmigo. La gente de aquel lugar era muy amable, aunque era bien consciente de que la mayor parte de la gente lo hacía por mera curiosidad. Estábamos en medio de una animada conversación cuando la puerta se abrió, una muchacha se asomó por la puerta y saludó animosa al dependiente.

-Buenos días Sara, ¿más papeles de tu padre?
-Sí César, dice que estos son para Madrid y el resto como siempre.- Iba dejando los documentos sobre el mostrador, y me di cuenta de que el joven estaba ocupado.
-Yo me voy yendo, que se hace tarde, muchas gracias.
-Nada nada encantado.

Abandoné el establecimiento y dejé a los dos jóvenes charlando.

-Es la extranjera ¿verdad?
-Eso parece.
-¿Ha escrito?
-No, fue un telegrama.
-Y ¿qué?
-¿Qué de que..?
-¿Se queda mucho tiempo? ¿se va?.. ¿que hace aquí?
-Sara... no puedo contar esas cosas....
-Venga... haz una excepción.
-Bueno... solo se que está con un proyecto entre manos.
-¿Un proyecto?
-Eso parece, no se más.

No hay comentarios:

Publicar un comentario